lunes, 30 de enero de 2017

disolución...

En la reja de la ventana
la oruga se hizo crisálida.

Yo la observo día a día,
su quietud es mi desvelo;
en su cruel estado inerte
juega con el trance, indiferente.

¡Cuán absurda ilógica
habita en mi mente!
Aún conociendo su ciclo
mi corazón se impacienta,
reclama algún movimiento,
impulso razonable de vida
que raudo acalle esta entrega
insensata ante la muerte.

¿Será este natural acontecer
el espejo de mi martirio,
que en el alma escondido
me disuelve por completo
mientras mi juicio aterrado,
ante la incontrolable licuación,
se agita buscando los trozos
de lo que ya desapareció?

Y en este punto informe
de quietud, vacío y nada
palpita el corazón escéptico,
a esa promesa de alquimia
que penosa se arma y desarma,
preguntando sin tregua
por el sitio en que se guarda
tan alta dosis de confianza
para creer que mi muerte
encierra aquel vital magma
de toda la Vida ensoñada…

Permanecer solamente
es lo que resta, mi alma,
y ver qué sucede mañana;
quizás mi ser se rearme
y así me traiga las alas

con que cobije tu crisálida…